La República Checa es uno de los países con mayor producción y consumo de cerveza en el mundo. En muchas partes del país, esta bebida puede ser más barata que el agua embotellada. Esta realidad se enmarca en una tradición cervecera que se remonta al menos al año 993 d.C., especialmente en la región de Bohemia, famosa por su cerveza lager.
Los checos consumen más cerveza per cápita que cualquier otra nación, casi el doble que Austria, el segundo país más cervecero. Sin embargo, aunque la cerveza checa tiene fama mundial, en el pasado estuvo eclipsada por otras cervezas europeas debido a la época comunista y los cambios económicos posteriores.
Para revertir esta situación, el gobierno checo ha puesto en marcha un programa conocido como “diplomacia de la cerveza”. Este consiste en invitar a cerveceros de distintos países para que conozcan la cultura cervecera local, participen en eventos y aprendan sobre la elaboración de la cerveza de estilo checo, reconocida por su sabor fresco, cuerpo medio y amargor característico.
El programa no solo promueve la degustación, sino también reuniones con productores de lúpulo, cerveceros artesanales y dueños de bares. Así, buscan inspirar a cerveceros internacionales a reproducir auténticas lagers checas, ayudando a difundir esta tradición a nivel global.
Esta iniciativa es comparable al programa de “gastrodiplomacia” que Tailandia lanzó para promover su gastronomía, con resultados exitosos en la expansión de restaurantes tailandeses en el mundo. La diplomacia cervecera checa, que lleva seis años en marcha, busca que la cerveza sea el embajador cultural del país, especialmente porque la comida checa no goza de tanta popularidad internacional.
En lugares como la ciudad de Žatec, cuna del lúpulo Saaz, los cerveceros extranjeros participan activamente en conversaciones técnicas con maestros cerveceros locales, aprendiendo sobre técnicas tradicionales y tecnología innovadora que mejora el servicio, como grifos especializados para lograr la espuma cremosa y dulce típica de la cerveza checa.
Expertos y cerveceros invitados destacan la importancia de servir bien la cerveza para mantener su sabor y textura. También reconocen que, aunque intenten replicarla, la cerveza checa auténtica es difícil de transportar y solo se puede disfrutar plenamente en su lugar de origen.
El programa no solo aumenta la calidad y apreciación internacional de la cerveza checa, sino que también motiva a los amantes de esta bebida a viajar y vivir la experiencia cultural que ofrece la República Checa.
Con una cerveza recién servida, es común brindar por el regreso a la República Checa y su rica tradición cervecera.

