Una parcela de césped junto a un parque infantil en Tuam, en el condado de Galway, al oeste de Irlanda, es ahora escenario de una de las excavaciones más dolorosas y simbólicas en la historia reciente del país: la búsqueda de los restos de 796 bebés y niños pequeños que habrían sido enterrados en secreto en un antiguo tanque de aguas residuales, sin registros ni lápidas, tras morir en el hogar infantil de St. Mary’s, una institución religiosa operada entre 1925 y 1961.
Un hallazgo impulsado por una historiadora aficionada
El caso salió a la luz en 2014 gracias a la persistencia de Catherine Corless, una historiadora local que, investigando el pasado de su ciudad y la historia de St. Mary’s, descubrió registros oficiales de muerte de 796 menores, pero ningún rastro de sus entierros. La evidencia apuntaba a una fosa común, posiblemente en un tanque de aguas en desuso.
Los testimonios de habitantes como Mary Moriarty, quien aseguró haber caído en un agujero donde vio filas de cuerpos pequeños envueltos en telas, confirmaron las sospechas. En 2017, una excavación preliminar del gobierno halló restos óseos de bebés de entre 35 semanas de gestación y tres años de edad.
El legado de una institución marcada por el abandono
St. Mary’s fue un hogar para madres solteras y sus hijos, donde muchas mujeres fueron enviadas tras ser rechazadas por sus familias. Los niños eran separados de sus madres poco después del nacimiento. Las condiciones eran precarias y muchas muertes se debieron al abandono, enfermedades o desnutrición, según reportes de inspecciones oficiales.
Uno de los casos emblemáticos es el de Anna Corrigan, quien descubrió a los 50 años que tenía dos hermanos nacidos en St. Mary’s. De uno, William, no existe certificado de defunción ni registro de entierro. Anna ahora lidera el Grupo Familiar de Bebés de Tuam, formado por familiares y sobrevivientes en búsqueda de justicia y verdad.
Excavación oficial y búsqueda de justicia
La excavación formal comenzó este julio de 2025 y se estima que durará dos años. El responsable del proceso, Daniel MacSweeney, ha trabajado en misiones humanitarias en Afganistán y advierte sobre la complejidad del trabajo, pues los restos son diminutos y probablemente estén mezclados, lo que complica su identificación.
“No se puede subestimar la dificultad de este proceso”, explicó, señalando que un fémur de bebé mide apenas lo que un dedo adulto. Cada fragmento será analizado con extremo cuidado, con la esperanza de devolver identidad y dignidad a quienes fueron olvidados.
Un escándalo que marcó a Irlanda
Este caso ha despertado una profunda reflexión en Irlanda sobre el rol de las instituciones religiosas, el trato a madres solteras y el abandono institucional. El ex primer ministro Enda Kenny calificó el hallazgo como una “cámara de los horrores”, y el gobierno ha pedido perdón a las víctimas y sus familias.
Mientras tanto, familiares como Anna continúan esperando respuestas. “Sabemos sus nombres. Sabemos que existieron. Merecen ser recordados como seres humanos”, declaró.




